
Si cortamos el tronco del cerezo,
no hallaremos las flores en él:
la primavera sola tiene
la semilla del florecer.
(Koan del Árbol, versión)
Hace unos cinco meses escuché por primera vez el nombre de Jose Angel Valente. "Escuchar" porque leí (oí) sin verlo: limo, vida, escama, vacío, humedad... Escuche alguno de sus poemas y surgió la curiosidad por indagar acerca del poeta de Orense. El primer encuentro ocurrió gracias a aquel gusto común con las "palabras-signos", o palabras-sustanciales" tan recurrentes en las lenguas semíticas. Luego, a través de su legado póstumo, una suerte de culminación o de itinerario poético que cierra la obra "abierta" que ha sido su voz y sus días: Fragmentos de un libro futuro. Ultimamente, repaso los ejes centrales de su poesia: la palabra y la materia, la cabala y el budismo zen, la inefabilidad; la nada.
Al prologar una colección póstuma, Juan Goytisolo anota: la "ejemplaridad de Valente estriba en su busca señera del verbo, en la decantación de una palabra-materia que aspira a la palabra total. [Valente] se propuso alcanzar la radicalidad última que preludia el silencio." Recordemos "Palabra", de Material memoria. Aquí, Valente -llena, ocupa- una vacuidad necesaria; una aspiración al silencio, una necesidad de borrarse que caracteriza la poesía moderna. Otros optan por eludirla y prefieren callar elegantemente. Valente no. Obstinado, persiste en llenar con obscuros símbolos algo que es casi un no decir.
Palabra
hecha de nada.
Rama
en el aire vacío.
Ala
sin pájaro.
Vuelo
sin ala.
Órbita
de qué centro desnudo
de toda imagen.
Luz,
donde aún no forma
su innumerable rostro lo visible.
Material Memoria
1979

1 comments:
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