
Cada día se alejan mas y mas los días infames de fiestas y derroche. A medida que estos se divisan con mas nitidez resulta mas fácil analizar en perspectiva y contexto.Saludamos el año sumidos en la crisis pero gastando como en cualquier otro año. La obligatoria procesión de Decembrina por los centros comerciales de Miami da paso al fantasma del comprar-adquirir-consumir. Se hace evidente -mas que en cualquier otro lugar- el afán capitalista llevado a sus mas altas revoluciones. Las fiestas o (holidays) no son fiestas religiosas ni mucho menos días santos o de recogimiento familiar. Todo lo contrario: es el individuo el que se enfatiza y se agudiza la condición del ego. El dar un regalo, como se entiende en el discurso de la construcción capitalista-navideña no es mas que darse un regalo a uno mismo. Es utilizar todo un sistema de mecanismos económicos y de valor -casi siempre desapercibidos por el consumidor- para así intentar materializar una representación condicionada de lo que asumimos que vemos en determinada persona: el expresar mediante una comodidad reproducida en masa y de idénticas condiciones lo único en la persona. Este proceso, reproducido infinitamente, se puede observar a cabalidad en los espacios comerciales que al final -según varios intelectuales Norteamericanos- conforman el último elemento que nos une a los que residimos en los Estado Unidos; el mall. Que comience el 2010 con el acostumbrado pie izquierdo: resaca, deudas, y encima de todo la famosa crisis. Que viva Santa, el Papa Noel de Miami (caribeño por excelencia de barbas falsas pero barriga verdadera) que nos recibe a las puertas de Ross o Marshalls y nos invita a celebrar un año mas de familia, valores y vida.

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